sábado, 16 de febrero de 2013

MAQUIAVELO




TEORIAS POLITICAS

Ensayo: Maquiavelo

Autores: Marta Torres, Raquel Andersen, y Ramón Álvarez.


                                  2 de Mayo 2006




RESUMEN: introducimos una breve biografía, escenario y campo de acción  sociopolítico del pensador Florentino. Seguidamente, a manera de síntesis conceptual y argumental, desarrollamos el material temático provisto por la cátedra (92 páginas), condensado en 15 páginas. El orden seguido en el escrito, está en relación cronológica con las fechas de edición del material analizado. 
Finalmente a manera de conclusión, intentamos establecer, marcar o señalar, las diferencias de enfoques, cuando no controversias, entre los autores analizados.
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Síntesis biográfica:

    Niccolò Maclavelli o Mal chiavelli (malos clavos) nació en Florencia, el 3 de Mayo de 1469. Provenía de una familia burguesa, desempañándose en la vida pública florentina en 1498, con el cargo de segundo canciller (Italia Estaba dividida en estados). Durante catorce años desarrolló una amplia carrera diplomática-dos veces embajador en Roma y tres en la corte de Francia-, gracias a la cual conoció a Cesar Borgia, eclesiástico y militar, hijo del Papa Alejandro VI, que fue el modelo de gobernante en el que se basó para escribir El Príncipe, su obra más conocida, la cual tuvo éxito después de su muerte.
    Sus otras obras más destacadas fueron: Sobre el arte de la guerra (1521), la obra teatral La mandrágora (1524), Historias Florentinas (1525), y Discursos sobre la primera década de la célebre Historia de Roma de Tito Livio (1531)
Murió en Florencia el 21 de Junio de 1527 a los cincuenta y ocho años.[1]

Escenario y campo de acción:

    La Florencia de Maquiavelo era (como había sido la Atenas del siglo IV antes de Cristo) una unidad política independiente que luchaba por mantenerse como tal. Italia era un conglomerado de ciudades, ducados y pequeños reinos que vivían en un estado de confrontación casi permanente. Milán y Venecia eran las rivales históricas de Florencia, de manera similar a como Esparta había sido la rival histórica de Atenas. Pero tal semejanza termina aquí, porque las ciudades del Renacimiento italiano enfrentaban amenazas bastantes más serias que las que habían conocido los antiguos griegos. Estaban rodeadas de unidades políticas muchos más bastas. La vecina Francia se había unificado bajo la monarquía y había pasado a ser un estado grande y poderoso.
    Lo mismo acababa de ocurrir en España bajo el dominio de los Reyes Católicos. Alemania seguía considerándose continuadora del Sacro Imperio y no renunciaba a ver a Italia como parte de su territorio. Por todo esto las ciudades Italianas vivían en un precario equilibrio. Además de las amenazas externas, estas ciudades sufrían un eterno problema de inestabilidad institucional causado por su propias luchas internas. Como resultado de esto, se había generalizado un tipo de gobierno dinástico (signaría): el poder se concentraba en manos de grandes familias que se ocupaban de mantener el orden interno y la seguridad externa, solo que al precio de limitar severamente las libertades políticas.
    La extrema complejidad del mundo de Maquiavelo resultaba de la continua superposición de todos estos actores: ciudades que querían mantener su independencia (Florencia, Milán, y Venecia, pero también Génova, Siena, Ferrara, Bolonia, Pisa, Papua, Ravena), las grandes familias gobernantes (los Médicis, los Borgia, los Visconti, los Este, los Sforza, los Orsini, los Colonna), el papado que intentaba oponer su poder secular desde Roma, los reinos circundantes. A Maquiavelo nadie tuvo que explicarle la situación porque desde siempre la vivió en carne propia. Nació y creció en una Florencia que formalmente era una república, pero que desde hacía casi medio siglo estaba bajo el dominio de los Médicis. Era un tiempo de esplendor cultural y de corrupción política. [2]

1)-Strauss L. y Cropsey J. (comps). Historia de la Filosofía Política. FCE, México, 1996 (1963)

Nicolas Maquiavelo (1469-1527)

    Leo Strauss, de padres judíos, nacido en 1899, en Kirchhain, Alemania, junto a Marburgo, en la provincia de Hessen, vivió en Estados Unidos desde 1938 hasta su muerte en Annapolis, Maryland, en 1973.
    Si bien, nos encontramos con Thoughts on Machiavelli (1958), de Leo Strauss, nos referiremos a la edición del epígrafe.
Strauss nos comienza hablando de la virtud, y de ella expresa: ¨ los hombres hablan de virtud sin emplear la palabra ¨, a su vez nos dice que ni Sócrates encontró una definición satisfactoria para la virtud. Para Strauss los más elaborado con respecto a virtud estaría en Ética de Aristóteles, donde entre otras cosas habla de la virtud de primer orden: la  magnanimidad, pero a su vez, nos dice que el sentido de la vergüenza no es virtud. Por otro lado y de un lugar muy distinto y con otro mensaje, habla del profeta Isaías, y resalta, que este, con el sentido de su indignidad, condena implícitamente la magnanimidad, por lo cual reivindica de la misma manera (implícita) el sentido de la vergüenza. Luego Strauss se pregunta ¿Quien tiene la razón, los griegos o los judíos? ¿Atenas o Jerusalén? A estas preguntas, el autor sostiene que cada respuesta se basa en un acto de fe. Pero al mismo tiempo sostiene que la filosofía basada en la fe deja de ser filosofía (derrota completa y final de Atenas). Todo este fenómeno para el autor es de tipo conflictivo, por lo cual sostiene que el pensamiento occidental no ha encontrado el reposo, y  completa el concepto con: la filosofía moderna ha dejado de ser griega, y para  comprenderla es inevitable encontrarse con Maquiavelo.
    De Maquiavelo sostiene que su realización, sea detestable o admirable, no puede interpretarse en términos de la política misma, o de la historia de la política, sino en término de filosofía política, o de la historia de la filosofía política. Opina que Maquiavelo es el único pensador político cuyo nombre ha entrado en el uso común para designar un tipo de política que existe y que seguirá existiendo, una  política guiada exclusivamente por consideraciones de conveniencias, que cumple todos los medios, justos o injustos, el acero o el veneno, para alcanzar sus fines -siendo su fin el engrandecimiento de la propia patria-, pero también,  poniendo la patria al servicio del engrandecimiento del político o el estadista o el propio partido.
    Strauss opina que si bien Maquiavelo parece haber roto con todos los filósofos políticos anteriores, su obra política mas extensa aparentemente trata de restaurar y resurgir la antigua republica romana, algo antiguo y olvidado. Luego el autor sostiene que si bien Hobbes es el que efectúa la revolución, lo hace decisivamente con el inmenso antecedente previo de Maquiavelo.
    Spinoza alumno de Hobbes, en su obra Tratado Político, al hablar de los politici, según Strauss,  sostiene que Maquiavelo es el más grande politici,  ¨ el sagacísimo ¨., y destaca de el, la frase ¨ Habrá vicios mientras haya seres humanos ¨.
    Por momentos la lectura de Strauss resulta intrincada, y no es fácil elucidar el núcleo de su interpretación de cada uno de los conceptos vertidos. Dicho camino es particularmente complejo, ya que Leo Strauss pareciera que escribe como lee: su escritura es deliberadamente esotérica, plagada de insinuaciones, ironías, claves de lectura, pistas verdaderas y también pistas engañosas. [3]
  
    El autor nos comenta parte del Cáp. 15 del Príncipe, y entre otros argumentos  conocidos ya, nos habla de los filósofos clásicos y del reino de dios, que desde su punto de vista, es un invento de visionarios, y  apoyado en Spinoza sostiene que : la justicia solo reina donde solo reinan hombres justos  . Luego nos habla de  la Fortuna –el azar-, y luego agrega un comentario algo ¨ desafortunado ¨ sobre la fortuna, para terminar conceptuando que lo ideal y lo real por fuerza convergen  El autor sostiene que a Maquiavelo no le interesa como viven los hombres, sino como deben gobernar y vivir los príncipes. A tal efecto nos habla de la generosidad, la avaricia y la crueldad, llegando a la conclusión -en el contexto de Maquiavelo-  que el príncipe deberá preferir ser temido a ser amado, aunque debe evitar ser odiado. Respecto a la crueldad del Príncipe realza su significado y valor,  ejemplificando las historias de Aníbal, y Cesar Borgia.
    Interpretando a Maquiavelo,  Strauss habla del ¨ empleo juicioso de la virtud y el vicio, según la circunstancias ¨, la juiciosa alternancia de una u otra. Y constantemente en sus reflexiones realiza correlaciones con la filosofía griega. De Maquiavelo nos dice: la virtud  se exige a los gobernantes y soldados, la bondad –obediencia-  es patrimonio del pueblo pacífico. Siguiendo el Príncipe, Strauss habla de la moral, y ejemplifica con Septimio Severo y sus antecedentes, y en el contexto de ¨ zorro y león ¨, aduce que de ahí no debe alejarse el gobernante.
    Luego Strauss con respecto a la Justicia, se diferencia de San Agustín, en cuanto al fundamentum regnorum, y nos dice: el fundamento de la justicia es la injusticia, el de la moral es la inmoralidad, el de la legitimidad es la ilegitimidad, el de la libertad es la tiranía.
    Posteriormente hablando del último Cáp. del Príncipe, nos habla de Lorenzo de Médicis, y traza un parangón entre este y el pueblo de Israel, con respecto a los bárbaros –por un lado-   y el yugo egipcio por el otro, resultando en que tanto Moisés como Médicis no llegarían a liberar sus respectivos pueblos, al no contar con la virtu necesaria. Ante  estos hechos ¨ extraordinarios ¨, según Strauss, ocurridos ante de la revelación del Sinaí, en boca de Maquiavelo, nos anuncia un nuevo hecho revelador: el nuevo Decálogo, enseñanza enteramente nueva para el príncipe en un estado nuevo. A tal efecto Strauss nos trae como motivo de análisis los Discursos sobre la primera década de Tito Livio. En los Discursos, según el autor encontraremos los problemas no resueltos en el Príncipe, aunque advierte al lector, de la complejidad para entender a estos Discursos.  Nos recuerda que El Príncipe,  está dedicado al amo de Maquiavelo, Lorenzo de Médicis, pero aclara que no está claro si Lorenzo merece ser príncipe. En cambio Los Discursos están dedicados a dos jóvenes amigos de Maquiavelo. A su vez enfatiza Strauss que en los Discursos,  Maquiavelo utiliza algunos términos no utilizados en el Príncipe, tales como: conciencia, bien común, tiranía, el cielo. Por otro lado en ninguna de las dos obras menciona ni establece la dicotomía entre ¨ este mundo ¨ y el ¨ otro ¨, quizás el del ¨ más allá ¨, tampoco menciona al infierno, ni el alma.    
    Strauss establece comparaciones, a su criterio relevantes, por Ej., el Príncipe está escrito todo en latín, en cambio en los Discursos, ninguno de los títulos está en latín. Agrega que ¨ el Príncipe es fácil de entender, no así los Discursos ¨. Nos dice que en los Discursos Maquiavelo nos habla en los 1ros. 10 capítulos de toda la historia de Roma en su etapa de grandeza. Los Discursos esta compuesto por 142 capítulos, que se correlacionan con los 142 libros de la obra de Tito Livio, es decir toda la historia Romana. Y luego de una serie de disquisiciones y comparaciones, Strauss concluye que el objeto característico del lo Discursos es el pueblo, en contraste  con el Príncipe.
    En los Discursos, según el autor, Maquiavelo comienza a hablar de los  ¨ nuevos modos y nuevos ordenes ¨. Strauss luego de hacer referencia a hechos históricos, concluye en consonancia con Maquiavelo que ¨ un hombre  puede elevarse de una posición baja a otra exaltada, sobre todo por el engañó más que por la fuerza ¨. A su vez agrega otro concepto: ¨ cuando a un amigo le vemos cometer un gran error, debemos creer que hay oculto un engaño ¨.
    Numerosas dudas y detalles pocos claros observa Strauss en la coherencia de los Discursos, determinadas claves, y códigos pocos descifrables para interpretar la obra. Luego, el autor se justifica el no disponer del espacio suficiente para tratar la obra en su real dimensión, no obstante decide analizar 5 capítulos de Discursos: I proemio, II proemio, II 1, 126 y II 5. Analizando estos capítulos vuelve a hablar de los ¨ nuevos modos y nuevos ordenes ¨, y dice que al descubrirlos a estos, el peligro consiste en encontrarlos, es decir hacerlos públicos, ya que, es peligroso ponerse a la cabeza de algo nuevo que afecta a muchos ¨.
    Strauss analizando el Proemio I sostiene que Maquiavelo, nos habla de los nuevos modos y ordenes y los identifica con los de la antigüedad, es decir que hay redescubrimiento. Resalta la virtuosidad de los antiguos y se lamenta que los contemporáneos de Maquiavelo hayan olvidado por completo la imitación de los antiguos. Ejemplifica que los juristas y los médicos de la actualidad fundamentan sus juicios en los antiguos, no así los gobernantes (príncipes) ni las republicas, ya que en cuestiones políticas y militares no recurran a los ejemplos de los antiguos. Interpreta que hay un entendimiento insuficiente de las historias y especialmente de la de Tito Livio.              
    Strauss sostiene que lo que Maquiavelo se propone realizar en los Discursos no es solo la presentación, sino la rehabilitación de la virtud antigua en contra de la crítica cristiana. Y el autor nos dice: Maquiavelo para evidenciar la superioridad de los antiguos la establece de la siguiente manera: busca un terreno común para los admiradores y para los detractores de lo antiguo, este terreno es veneración de los antiguos,  sean bíblicos o paganos. Las premisas son: todo lo bueno es antiguo, lo mejor es lo más antiguo. Para ello debe establecer la autoridad de la antigua Roma, y al hacerlo establece la historia de Tito Livio, y por ende de su libro, el cual –según Strauss- es el que compite contra  la Biblia -el libro que los teólogos establecieron antes-,  la autoridad de la Biblia contra los incrédulos. El autor luego de una serie de disquisiciones un poco complejas e intrincadas, respecto a Cesar, concluye que Maquiavelo elogia la religión de la Antigua Roma por la misma razón por la que los escritores libres que estuvieron sometidos a la autoridad de los Césares elogiaron a Bruto: no podían censurar abiertamente la autoridad del cristianismo a la que estaban sometidos. Por tanto, si la historia de Tito Livio es la Biblia de Maquiavelo, también es su anti-Biblia. El autor sostiene que Maquiavelo, una vez de haber demostrado la superioridad de la antigua Roma sobre los modernos, con muchos ejemplo, comienza a  mostrar los defectos que adoleció, y en este contexto por un momento sostiene que el libro de Tito Livio es la única autoridad. Pero también en algún momento cuestiona a los escritores, incluido Tito Livio, por una cuestión de la mayor importancia:    Maquiavelo sostiene que: él los vuelve nuevos por así decirlo a los modos y ordenes redescubiertos de las antiguos, ya que estos no lo realizaron bajo un plan coherente -sin comprender sus razones-, sostiene que puede corregir algunos de los antiguos modos y ordenes.
Maquiavelo es animado por un espíritu absolutamente distinto, en lo que respecta a la veneración a la tradición, a la autoridad, al espíritu de piedad.
    El autor concluye con respecto al Libro I. que Maquiavelo comienza con el mayor elogio a la  más remota Antigüedad, pero termina con la expresión ¨ muy joven ¨: muchos romanos celebraron su triunfo giovanissimi.
    Luego Strauss,  con respecto al proemio del Libro II, inicialmente nos dice que  Maquiavelo cuestiona el prejuicio favorable a los tiempos antiguos: ¨ los hombres siempre elogian los tiempos antiguos y acusan al presente, pero no siempre con razón ¨  Lo que cambia son los diferentes países o naciones, por épocas de virtud y épocas de degeneración. Pero Strauss en su análisis final del Proemio Libro II, sin embargo justifica que Maquiavelo haya elogiado los tiempos de los antiguos romanos y censure su propia época. En realidad no queda claro si la  «cierta contradicción  » es a partir de la interpretación de Strauss o de del propio Maquiavelo.
    Strauss nos aclara que el proemio del Libro I es la introducción de todo el libro, mientras que la introducción del proemio del Libro II es particularmente direccionala a los primeros capítulos del Libro II.
Nuevamente, luego de una serie de comentarios intrincados, el ¨ yo lector ¨ en el intento, puede resaltar, si vale, lo siguiente: 1. los Romanos adquirieron su Imperio más por la fortuna que por la virtud,  2. Aparte de su excesiva virtud (?), la segunda razón de la grandeza de Roma fue su liberal admisión de extranjeros como ciudadanos. A esta altura el ¨ yo lector ¨ percibe asistir a ciertas contradicciones, las cuales probablemente se deban a: 1.el material de lectura presente adolece de la traducción correcta, 2. Strauss es, cuanto menos, ambiguo en la interpretación, y 3 mi ¨ yo lector ¨ adolece de la capacidad de análisis requerida a tal efecto.  
    A partir de este momento es todo un desafió para el ¨ yo lector ¨ continuar leyendo este documento, las reservas están minadas. No obstante intentaremos avanzar.
Nos dice el autor que en el libro III, Maquiavelo subraya que el Nº de capítulos de los discursos es igual al Nº de libros de la historia de Tito Livio, y la historia de T. Livio se extiende desde los orígenes de Roma hasta la época que apareció el cristianismo. Luego el autor, o Maquiavelo, o la mal traducción, o mi insuficiencia intelectual: no me permiten obtener un compendio coherente e hilvanado del libro III, luego de la lectura disponible.
    Strauss luego de una serie de conjeturas, (divagaciones?) sobre el Nº de capítulos del Príncipe (26), nos lleva propiamente al análisis del Cáp. 26 de dicho texto, y el ¨ yo lector ¨ se pregunta: que pasó con el análisis de Discurso, por que la discontinuidad?, pero el autor luego, finalmente nos analiza el Cáp. 26 de discurso.
El documento de Strauss en un momento expresa: La cita latina que aparece en este capitulo (26?, de Discursos?) , ha sido revisada de esta manera (…), Strauss  al continuar con su interpretación menciona algunas citas y aduce algunos comentarios del Magnificat , y corona su comentario con la siguiente expresión: en esta cita es la única vez que Maquiavelo cita al Nuevo Testamento , ya sea, en El Príncipe o en los Discurso. Completa Strauss, que la única cita aducida es utilizada para introducir una «horrible  blasfemia ». A partir de allí Strauss con una serie de admoniciones y sentencias, toma distancia de la objetividad que requiere la interpretación de un texto de esta índole, y hasta por un momento impresiona subestimar al lector, con aleccionadores comentarios. Quizás Strauss por su profesión católica, y conservador de derecha –justificable?-, reaccione de tal manera. En definitiva al  « yo lector » una vez más lo desconcierta, y con una serie de disquisiciones intrincadas y enrevesadas avanza en su análisis hasta la conclusión de su documento sobre Maquiavelo. 


2).- PIERRE MANENT, en Historia del Pensamiento Liberal., Capitulo II, Emce Editores, Bs. As. Argentina, 1990.

   " Maquiavelo y la fecundidad del mal "  ¨:

    El imperativo de la salvación cristiana,  en forma imperiosa era la salvación del alma, y contra semejante poder terrenal de la iglesia, el mundo profano, debía rebelarse. Sin duda, una tarea ciclópea. Recién en el 1300 se redescubren las obras de Aristóteles al ser traducidas –fielmente- al latín. A partir de ahí, el mundo profano o laico se encontrara potencialmente emancipado de las categorías cristianas. Termina el reinado intelectual de la iglesia.
    Manent se pregunta  ¿Por que la modernidad política no fue solamente un renacimiento prolongado y amplificado. ¿Por que la modernidad rompió con Aristóteles y Cicerón, así como rompió con la iglesia?
    La filosofía de Aristóteles podía oponerse a la iglesia o reforzarla, terminó reforzándola al consagrar a Tomas de Aquino como su doctor communis. Pero la doctrina Tomista no respondía la cuestión política urgente.
Aristóteles fue interpretado por Tomas, Dante y Marsilio, pero esto no bastó para resolver nuestro problema teológico-político. Dos siglos después,  este problema fue zanjado en Italia por Maquiavelo, con quien el pensamiento político se convierte en parte de la situación política. Todo esto nos lleva al concepto de que resulta imposible comprender la Historia política  sin haber captado las grandes líneas de la historia del pensamiento político.
    Con Maquiavelo, es la experiencia moderna, la cual va a decidir sobre la historia política europea hasta hoy.
El mundo político pasará de la simple interpretación teórica a la vida real.
Maquiavelo sostiene que hay que excluir a la iglesia de toda su influencia  -buena o mala- sobre la ciudad (ciudad de Florencia, Italia), de toda su injerencia en la vida cívica. Habla de la realidad de la política, del realismo, y como tal,  describe crudamente el  ¨ mal ¨, el cual es políticamente mas significativo, sustancial y real que el  ¨ bien ¨. ¿Como ignorar lo evidente? Hasta Aristóteles en su libro V de Política, sabe que la vida política tiene su patología, al hablar de la violencia ante el cambio de regímenes, y todo lo inmanente.
    Maquiavelo nos invita a perder  nuestra ¨ antigua inocencia ¨, nuestra ¨ antigua necedad ¨, es el primer maestro de la sospecha.
Aleccionadoramente nos dice: Dudar del bien es unos de los rasgos mas enraizados del alma moderna, nos obliga a estar despabilados. El mal en la vida política para Maquiavelo pasa a ser ¨ sustancial ¨. En oposición a Aristóteles, Maquiavelo describe la vida política en la perspectiva de sus comienzos u orígenes-violentos, injustos- y no en la perspectiva del fin de la vida política (Aristóteles)
    El cristianismo produjo cierta dulcificación en las costumbres. El bien público solo sobreviene a causa del alto poder de la violencia y del miedo. Afirmar la necesidad y la fecundidad del mal es afirmar la autosuficiencia del orden terrestre, del orden profano.
Luego Manent compara el artículo IX de El Príncipe, con el libro III de la Política de Aristóteles, y traza un parangón entre el demócrata (pueblo) y el oligarca(los grandes). La conclusión es que para Aristóteles, cada reivindicación del cuerpo social, por parcial que sea, apunta hacia la Justicia o el bien, fin del cuerpo político, mientras que para Maquiavelo cada elemento de la ciudad esta encerrado en su propio ¨ humor ¨, lo que para Aristones,  cada ¨ humor ¨, conservaría el punto de enlace con el bien.      
    Manent piensa que Maquiavelo es el ¨ primer pensador democrático ¨ (Grandes: virtud- Pueblo: ¨ honestidad ¨)
El autor traduce a Leo Strauss, en cuanto a la interpretación que este hace de Maquiavelo en el siguiente aspecto: Distinción rousseauniana  entre virtud y bondad (penosa, casi hipócrita, o dudosa -versus-  pasividad inocente del amor por uno mismo), esta última, con asiento social en el pueblo. Habla de la sensibilidad moderna, por ser aquella que estimula el enaltecimiento de la idea de pueblo.
    Con Maquiavelo,  según Manent,  se inicia el fenómeno político desde el punto de vista de la ciencia, ya que la ciencia de la naturaleza es muy posterior a Maquiavelo.
El autor en otro momento, nos habla del texto mas celebre de Maquiavelo (Cáp. VI del Príncipe), donde opone a los ¨ profetas armados ¨ con los ¨ profetas desarmados ¨, concluye que todos los profetas armados fueron vencedores y los desarmados derrotados. Hay un ¨ profeta desarmado ¨ que Maquiavelo lo considera vencedor: Jesucristo. Y Maquiavelo que es un ¨ profeta desarmado ¨, quiere desarmar a la doctrina del mas grande de los profetas desarmados. En este sentido, Maquiavelo es un reformador religioso y antirreligioso, antes que un filósofo o un hombre de ciencia. Quiere cambiar las máximas que gobiernan a los hombres.
    Maquiavelo al desacreditar la idea del bien, persuadió a los hombres para que consideraran el mal (astucia, fuerza, violencia, ¨ necesidad ¨,) como la fuente principal del orden encerrado en si mismo, es decir, en lo que se llama ciudad.

  
3). - Sheldon Wolin. Política y perspectiva. Continuidad y Cambio en el pensamiento político occidental. Amorrortu editores, Bs. As., 1993.

    Si bien nos encontramos con: Politics and Visión. Continuity and Innovation in Western Political Thought, Little, Brown & Company, Boston, Mass., 1960 (traducción española: Política y perspectiva, Bs. As., Amorrortu, 1973), nos referiremos  a la edición del epígrafe.

Maquiavelo: Actividad política y economía de la violencia.

Autonomía de la teoría política

    El impacto de la Reforma religiosa sobre los países de Europa occidental dio como resultado una alianza significativa entre los grupos que abogaban por ella y los que se proponían ampliar la independencia nacional.
Hubo un resurgimiento del lenguaje de la política, el cual también estuvo vinculado con un creciente sentido de identificación nacional por parte de los apologistas protestantes. El lenguaje de la teoría de la Iglesia debió ser remodelado dando cuenta de una especie de nacionalización de la vida religiosa.                                             
    Al creciente vigor de las monarquías nacionales y a una conciencia nacional,  irrumpió la posibilidad de plantear un orden político autónomo. El campo de la teoría política  no podía dejar de lado el pensamiento religioso,  a tal punto que el teórico político no podía descartar la religión, sino solamente adoptar diferentes actitudes hacia ella. La importancia práctica de las ideas políticas se vinculaba estrechamente con la religión.
 El lenguaje y  los conceptos de la teoría política, tal como se desarrollaron durante la reforma, no podían romper de modo definitivo el círculo de posibilidades trazado por el pensamiento y los problemas religiosos. Fue necesario el escepticismo, la indiferencia hacia las religiones para lograr la modificación del discurso.
    En el particular contexto de la Italia del siglo XVI, la posibilidad de un pensamiento político autónomo estaba dada por el retroceso del poder de las instituciones religiosas y un ambiente poco comprometido con las polémicas religiosas. El poder de la iglesia tenía importancia no como expresión de su misión espiritual, sino por su función en la actividad política interna.
    Maquiavelo es considerado en la mirada de Wolin, el primer gran experimento de teoría política “pura”. Para él, el lenguaje de la teología política medieval pasaba a ser superfluo para las necesidades de la nueva ciencia. A su juicio “la teoría política debía contribuir a una de las tendencias fundamentales del Renacimiento: la proliferación de áreas independientes de indagación, cada una resuelta a establecer su autonomía, cada una preocupada por elaborar un lenguaje explicativo adecuado para un conjunto particular de fenómenos, y cada una actuando sin la intervención del clero.”
    Nos dice el autor que, al lograr Maquiavelo la ruptura con los modos de pensamiento medieval, se constituye en el primer pensador político auténticamente moderno. Además encuentra en el pensamiento de Maquiavelo el intento de excluir de la teoría política todo lo que no parecía ser estrictamente político.  
Uno de los rasgos destacados del pensamiento de Maquiavelo, en la mirada de Wolin, es su hostilidad contra los gobernantes hereditarios y su hondo desprecio de la nobleza.
    Maquiavelo ofrecía la nueva ciencia del arte de gobernar como alternativa al antiguo principio de legitimidad. El gobernante hereditario, representaba, el principio anacrónico según el cual las situaciones fijas y los ordenamientos permanentes eran esenciales en la actividad política.                  
La inclinación de la nueva ciencia hacia “el nuevo príncipe” y en contra del hereditario se basaba en la convicción de que el primero era una imagen más verdadera de la naturaleza de la actividad política.
    El problema de la escasez y la ambición condujo a la cuestión de la desigualdad. Este tratamiento caracterizaría de allí en más a la teoría política moderna: la nueva ciencia era hostil a las distinciones sociales, y en particular, al principio aristocrático.
Según  Maquiavelo, uno de los índices de una sociedad corrupta era la existencia de una difundida desigualdad social y económica y de una alta burguesía parasitaria, que rechazaba sus obligaciones y se entretenía en frecuentes incursiones armadas en la campiña circundante e interrumpía la paz.
    La nueva ciencia tenía como característica fundamental el ser separable de los intereses de cualquier partido.
Wolin concluye en este apartado, con que, en la concepción de Maquiavelo la teoría política podía suministrar un conjunto de técnicas útiles para cualquier grupo, como así  también que no todo grupo era considerado útil para la nueva ciencia.

Los compromisos del teórico político

    Wolin estima que existe una persistente imagen de Maquiavelo como lúcido realista, comparado al hombre de ciencia en su adhesión a los métodos objetivos.
No obstante el brusco cambio de estilo en el último capítulo de El Príncipe, suscita cierta duda de esa evaluación: el lenguaje ya no es apreciación realista y consejo imparcial, sino el de un ferviente nacionalismo. Wolin dice: es evidente aquí, que formas anteriores de emoción y lenguaje religioso han sido transpuesto y sublimados en la nueva imagen de lo nacional.
    La conclusión sugerida es que la nueva teoría política no estaba contenida en sí misma sino que extraía el impulso de la inspiración nacional y también aparece la idea del principio vital inherente a las sociedades políticas. La idea de la ley fundamental -que tan gran papel jugó en los debates políticos e institucionales en la Inglaterra del S. XVII y en las posteriores ideas de una constitución escrita- ha preservado la idea de una fuerza vivificante cuya observancia garantizaría el mantenimiento del vigor del cuerpo político.
    Maquiavelo abría la importante posibilidad de una separación entre el estilo de indagación política analítica y el objetivo fundamental de la misma, poseedora cada una de su propio vocabulario y conceptos.
Wolin sostiene que el pensamiento de Maquiavelo, es una apasionada entrega a la profesión de teórico político, lo cual en su perspectiva, significó una respuesta esencialmente moral inspirada por una preocupación por el hombre en una época de corrupción política.
    En el marco de la época, lo que algunos conciben como una típica inmoralidad Maquiavélica, según Wolin,  debe ser comprendido como el argumento de un moralista, en el cual el hombre político debía manejar leyes-hombres civilizados, la fuerza-hombres bestias.
La nueva ciencia se basaba en que la cantidad de mal en el mundo permanecía más o  menos constante porque el mal estaba inscripto en la naturaleza misma de la actividad política.

La naturaleza de la actividad política y las categorías de la nueva ciencia.

    Los comentaristas al tratar de situar la modernidad del pensamiento de Maquiavelo han tenido en cuenta principalmente su método de análisis, sobre todo en cuanto se refirió a los factores causales que producen hechos. Estos enfoques han oscurecido algunos elementos novedosos, al entender de Wolin: la sustitución de un sistema notacional por otro que anuncia que todo un sistema de símbolos, significados y sentimientos está siendo total o parcialmente reemplazado.
    De sus escritos surgía la naturaleza política en ebullición. Cuando la explicación racional confiesa sus deficiencias y se extravía en la magia, no indica atavismos, señala mas bien un fenómeno pre-cristianao afirma Wolin.
En términos de la teoría política lo que se necesitaba claramente eran nuevas categorías de inteligibilidad. Esto no podía llegar sino mediante la formulación de un nuevo lenguaje de la política y un nuevo principio notacional que ligara entre sí las categorías de análisis. Una y otro presuponían una nueva metafísica política.
    Uno de los aspectos significativos de la metafísica política de Maquiavelo fue el no estar relacionada con una filosofía sistemática. En este aspecto, somos herederos de Maquiavelo, ya que era inherente a su nueva ruta,  hacia el conocimiento político, la afirmación de que era posible decir algo coherente sobre la política sin construir una filosofía, ni siquiera presuponerla; pero aquel, al descartar la filosofía quedó libre para crear algo nuevo: una filosofía verdaderamente política.
Este ejemplo da asidero a uno de los principio de la nueva ciencia: el vicio en sentido político, suele ser el resultado de la ilusión, y  la virtud, producto de la perspicacia.
    La nueva ciencia se proponía en cambio desenmascarar las ilusiones que interferían  con los fines adecuados de la acción política, y al mismo tiempo enseñar al actor político a crear y explotar las ilusiones útiles para dichos fines. En su función desenmascaradora, el conocimiento político permitía a los hombres atravesar la masa de distorsiones que impedían evaluar con exactitud situaciones particulares..
    La discrepancia entre el conocimiento político y otras formas de conocimiento podía ser superada, no obstante, si los hombres llegaban a comprender que la historia antigua contenía lecciones prácticas.
La nueva ciencia estaba destinada a ser la base una nueva ética política: conocer la forma de los acontecimientos, era estar en condiciones de ejercitar la prudencia o la previsión. El aspecto significativo de las cualidades morales necesarias para el actor político de Maquiavelo residía en su carácter fundamentalmente público o exterior. Representaban una máscara que él debía usar en su figura pública. No tenían valor intrínseco.

Espacio político y acción política.

    Este aspecto, es expresado adecuadamente en la atención dedicada por la nueva ciencia a instruir al novus homo, tanto en el arte de obtener poder, como de recobrarlo. El nuevo gobernante tenía que reordenar el espacio político redistribuyendo leyes y redefiniendo los carriles legítimos para la ambición, ofreciendo un estudio que ilustre las técnicas para reorientar las energías humanas.
    Sólo una profunda corrupción justificaba tratar a la sociedad como una arcilla destinada a que el poder absoluto de un artista político la  moldeara.

La economía de la violencia.

    Los teóricos clásicos medievales pocas veces encararon el problema del efecto acumulativo producido en la sociedad por la coacción constante. Los teóricos políticos modernos cambiaron de alguna manera la estrategia,   por “elaboración de decisiones” “procesos políticos”, o sea eufemismos.
Con Maquiavelo, no hay eufemismos,  el Estado fue encarado directamente como una suma de poder, cuyo perfil era la violencia, con la convicción de que la estabilidad sólo podía ser resuelta mediante la acción. La función del actor político era inevitablemente aplicar violencia, que tendría por tarea proteger el límite que separaba la creatividad política de la destrucción.
    El control de la violencia dependía de que la nueva ciencia pudiera administrar la dosis precisa adecuada, para situaciones específicas y,  la prueba de que había sido utilizada correctamente la daba el hecho de que las crueldades aumentaran o disminuyeran con le tiempo.
Comprendió que el consentimiento popular representaba una forma de poder social que, adecuadamente explotada, reducía la magnitud de la violencia dirigida hacia la sociedad en su conjunto.
    Wolin, al evaluar la economía de violencia de Maquiavelo, en un siglo como el nuestro que ha presenciado la eficiencia desplegada por los regímenes totalitarios en el empleo del terror y de la coacción, sería totalmente erróneo ver en Maquiavelo al filósofo del himmlerismo; y la razón fundamental de esto era que él advertía con claridad los peligros derivados de confiar su uso a los moralmente obtusos.
Ante tal concepto,  surgía la observación de que era preferible ser un ciudadano  privado a emprender una carrera que entrañaba la ruina de otros hombres..
Esto sugiere que un teórico como Maquiavelo, conciente de la limitada eficacia de la fuerza y dedicado a explicar cómo utilizar su técnica con más eficiencia, era mucho más sensible a los dilemas morales de la actividad política que aquellos teóricos que, saturados por la indignación moral y ansiosos de regeneración heroica, predicaban la purificación por la sagrada llama de la violencia

ETICA POLÍTICA Y ETICA PRIVADA

    El actor de Maquiavelo según Merteau-Ponty, era “la expresión de un mundo dislocado”, que se desempeñaba en un universo acallado en el silencio moral: no había significados prefigurados, teleología implícita ni el telón de fondo tranquilizador de un cosmos político gobernado por un monarca divino, que ofrecía las pautaa a los gobernantes terrenales.
Empeñarse en la acción política significaba renunciar a las múltiples dimensiones de la vida para concentrarse exclusivamente en la dimensión única de la actividad política.
    En su crítica de la teoría moral tradicional, Maquiavelo no se basaba -como se ha supuesto a menudo- en el cinismo ni en la amoralidad.
Le preocupaba, en cambio: en primer lugar indicar las situaciones en que la acción política debía adaptarse a los cánones habitualmente aplicados a la conducta privada. Así, cuando un gobierno actuaba dentro de un medio estable y seguro, debía atenerse a las virtudes aceptadas, tales como: compasión, buena fe, honestidad, humanitarismo y religión.
    Maquiavelo también señaló ¨ debido a que casi todas las situaciones políticas eran inestables y propensas a cambiar constantemente” una nación y un pueblo son gobernados de otro modo que un individuo privado”.
    La actividad política planteaba disyuntivas para las cuales la moral común era inadecuada, pero esto no quería decir que no hubiera conexión entre la acción política y los dictados morales tradicionales.
En lugar de reprender a Maquiavelo por señalar las limitaciones de la ética privada, se debía enfocar la atención en el doble papel que así se crea del actor político, a quien se obliga a desempeñarse en una atmósfera de tensiones donde los valores morales aceptados limitan su comportamiento en circunstancias normales, mientras que, cuando las circunstancias lo imponen, entra en juego una ética específicamente política, acompañada por el nuevo conocimiento. Cada forma de ética es, por sí sola, insuficiente.
    Para Maquiavelo, sin embargo, el problema se agudizaba, porque la disyuntiva ya no implicaba la búsqueda, por parte del estadista, de una perfección moral que beneficiaría a la comunidad por su misma índole moral; implicaba, en cambio, que el actor político se veía obligado a violar la ley moral para proteger la sociedad. Tómese, por ejemplo, la virtud clásica de liberalidad, que prescribía que los actos  de generosidad, fueran efectuados de manera moderada, para Maquiavelo, semejante consejo sería absurdo: no era un donante privado, sino una figura pública cuyas acciones, para ser significativas, requerían un alarde bien publicitado e incluso una ostentación vulgar.
La liberalidad en la escena política, se traducía en impuestos que, a su vez, fomentarían sin duda el resentimiento popular.
    La preocupación de Maquiavelo por las deficiencias de la ética tradicional y su búsqueda de una ética política adecuada, derivaban de una profunda creencia en las discontinuidades de la existencia humana.
La significatividad, a su vez, era concebida  para Maquiavelo en términos de las condiciones a las cuales correspondían los criterios, es decir, al mundo particular de la actividad política. En términos de ética, esto no significaba que la actividad política debiera ser conducida sin criterios éticos, sino que no se podía importar estos criterios al “mundo externo”. El no haber advertido esto, condujo a muchos críticos modernos de Maquiavelo, a falsos dilemas.
    En resumen, el rechazo de la heteronomia no tiene por qué entrañar un rechazo de la moralidad en la actividad política, ni el rechazo de absolutos éticos determina la imposibilidad de criterios éticos.

DESCUBRIMIENTO DE LA MASA

    El absolutismo monárquico recomendado en El Príncipe sólo fue proyectado como un remedio desesperado para una condición política extremadamente corrupta.
Para sacar a luz las consecuencias de estas dos posiciones, debemos examinar la referencia común: el pueblo. En El Príncipe se hizo evidente que Maquiavelo había comenzado a intuir la creciente significación de las masas, había comprendido que la base de la actividad política se ampliaba, y de que el factor del pueblo tendría que ser tomado en cuenta en los cálculos futuros. Más aún, la credulidad de la “multitudine” era precondición necesaria para el arte de ilusiones practicado por el actor político.
    La comprensión de Maquiavelo de la manipulabilidad de las masas cobra significado adicional si recordamos su consejo de que el príncipe debe “satisfacer” los deseos del pueblo.
Maquiavelo aconsejaba al príncipe que buscara la aprobación del pueblo, que estableciera un principato civile.
    Maquiavelo consideró que las masas eran las bases de poder más seguras porque sus exigencias eran mínimas y podían ser satisfechas sin poner en peligro el poder del gobernante, y porque como “poseedoras”, las atormentaban temores e inseguridades y esto las hacía más fáciles de manipular. Respondían mejor a las prescripciones de la nueva ciencia, a dosis controladas de temor y violencia, a la caricia alternada de amor y esperanza, haciendo así innecesaria la brutalidad y la crueldad.
    Para demostrar la superioridad del imperialismo popular sobre el imperialismo monárquico, solo faltaba conectar la dinámica imperialista del gobierno popular con la política del interés. Lo que había que demostrar era que un gobierno popular podía generar más poder que una monarquía, porque utilizaba los beneficios de las conquistas en interés de un mayor número de ciudadanos.

LA ACTIVIDAD POLÍTICA Y LAS ALMAS

    El florentino, al trazar un parangón con Platón, en un sentido inverso nos dice: el ejército deberá ser igual al sistema educativo Platónico pero con un objetivo totalmente distinto: no  iluminar las almas, sino disciplinar pasiones.
Respecto a la religión: Maquiavelo aceptaba la religión como “cívica”, o arte de  gobernar las almas.
    La nueva ciencia, al arte de gobernar las almas no lo toma como una de las virtudes cívicas,  y divide el ejército  de la religión, confirmando que la ciencia postcristiana no está inspirada en el modelo clásico.
La concepción Maquiavélica de la virtud cívica marcó una importante etapa en el desarrollo del moderno pensamiento y práctica políticos, ya que simbolizó el fin de la antigua alianza entre el arte de gobernar el Estado y el arte de gobernar las almas.
    Se puede enunciar esto en forma más contundente diciendo que la nueva ciencia no estaba concebida como medio de perfectibilidad humana.
Esa vena pesimista confirma que era una ciencia poscristiana y no inspirada directamente en modelos clásicos, fue continuada por Hobbes, Locke y Hume, fue una tradición singularmente libre de ilusiones respecto de la condición política del hombre. Quedó reservado a Rouseau, Saint-Simon y Comte dotar a la teoría política de la idea de inocencia.
                                
CONCLUSIONES:

    De los tres autores analizados, consideramos a Sheldon Wolin,  el que -a nuestro criterio-,  pone las cosas en perspetiva,  cuando con sus argumentos parece señalar que el gran logro de Maquiavelo se inserta dentro de una de las tendencias fundamentales del Renacimiento: la proliferación de áreas independientes de investigación intelectual, cada una resuelta a establecer su autonomía, cada una preocupada por elaborar un lenguaje explicativo adecuado para un conjunto particular de fenómenos, y cada una actuando sin la intervención del clero.
    Wolin, en el pensamiento de Maquiavelo, utiliza el bagaje histórico -los hábitos, el lenguaje y la pertenencia a la fe-  para iniciar esa nueva ciencia, hasta lograr despegarla de la iglesia.
El modo de la nueva ciencia abarca conceptualmente desde el imperio, la monarquía, y los nobles, hasta llegar al hombre civil despegado de privilegios. Recién ahí comienza el "enmascaramiento, la habilidad, la doble personalidad (o sea que también despega al hombre  ¨ de si mismo ¨ -solo y civil: personalidad privada, de su rol de actor en uso de  la personalidad pública, en el empleo de la astucia, violencia, paciencia, bondad y perseverancia) 
    En consonancia con lo antes explicitado, Sheldon Wolin en “ Paradigms and Political Theories ” nos ilustra cuando nos dice: “El estudio científico de la política está basado en la tesis de que la teoría tradicional era transempírica, preocupada más por trascender el mundo de los hechos que por formular proposiciones que pudieran ser empíricamente probadas en el mundo de los hechos.  Esta errónea concepción de la naturaleza de la teoría ha excluido la posibilidad de conocimiento acumulativo.  Una solución que ha tenido aceptación amplia es distinguir la 'teoría normativa', que abarca las preocupaciones tradicionales concernientes a valores e ideales políticos, así como la historia de la teoría política de la 'teoría empírica' que se concentra en el empleo de procedimientos científicos para la obtención de conocimiento confiable a fin de construir un cuerpo de conocimientos crecientes de firmes generalizaciones”.
    Wolin, a la vez considera que “Muchas de las grandes teorías del pasado surgieron como respuesta a una crisis en el mundo, no en la comunidad de teóricos [...]  En cada caso la respuesta de los teóricos no fue ofrecer una teoría que correspondiera mejor a los hechos [...] por el contrario, las teorías se formularon como representaciones simbólicas de cómo se desearía que fuera la sociedad si ésta pudiera ser reordenada”.  Todas las grandes teorías han revolucionado el pensamiento político, han tenido una función crítica y transformadora de la realidad política y han propuesto utopías para reorganizar la vida política en decadencia.  Estas teorías a las que Wolin llama “épicas” contrastan con las “teorías normales” que aunque simplemente se proponen describir y explicar la realidad política, en la práctica, como hemos argumentado, también justifican la preservación del orden político establecido.

    Leo Strauss: debemos admitir que ante la lectura del documento provisto, nos encontramos con un discurso, por momentos: complejo, intrincado y enrevesado, en otros, nos resulta ambiguo y contradictorio. Probablemente por nuestra condición de ¨ neófitos ¨ en la temática en cuestión, en lo concerniente principalmente a hermenéutica y epistemología como tales, es que nos resulta en tal dificultad. 
Sin embargo, arriesgaremos algunos comentarios de la lectura en cuestión, obviamente respaldados por otras fuentes conceptuales orientadoras.  
    Leo Strauss, ha defendido con mayor radicalidad la legitimidad de la filosofía política como teoría normativa. Según Strauss la pretensión de neutralidad valorativa de la ciencia política contemporánea es resultado de un proceso degenerativo de la filosofía política moderna que se inició con la propuesta que claramente hace Nicolás Maquiavelo en el capítulo XV de El Príncipe, en el sentido de abandonar el pensamiento utópico e ir derecho tras la “verdad efectiva”.  Así, al proponer bajar los estándares valorativos y aumentar la eficacia del pensamiento político, Maquiavelo, según Strauss, inicia un proceso de “desvalorización de la teoría política” que culmina con el movimiento positivista de la ciencia política contemporánea.   Para contrarrestar el proceso degenerativo Strauss reivindica el modelo de filosofía política platónica, destacando el carácter idealista, normativo y universal de la teoría política.
    Strauss considera que el auténtico conocimiento político aspira a tener una validez universal y por ello necesariamente trasciende las opiniones, discusiones, ideologías y problemas políticos particulares de cada sociedad y cada época histórica.
En otras palabras, Strauss establece una separación tajante entre teoría y práctica, entre filosofía política e ideología.

Pierre Manent, en: Maquiavelo y la fecundidad del mal, nos señala como a partir del año 1300, momento en que, son redescubiertas las obras de Aristóteles, al ser traducidas -fielmente- al latín, el mundo profano, laico o natural  se encontrará potencialmente emancipado de las categorías cristianas, concluyendo el reinado intelectual de la iglesia.
    Resultan claves los interrogatorios de Manent: ¿Por que la modernidad política no fue solamente un renacimiento prolongado y amplificado. ¿Por que la modernidad rompió con Aristóteles y Cicerón, así como rompió con la iglesia?
Si bien,  inspirado en Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, el doctor communis, no le bastó el agregado de la gracia, para responder a la cuestión política urgente.
En boca de Manent, Maquiavelo nos invita a perder  nuestra ¨ antigua inocencia ¨, nuestra ¨ antigua necedad ¨, es el primer maestro de la sospecha, el cristianismo produjo cierta dulcificación en las costumbres.      
    Para el autor Maquiavelo es el ¨ primer pensador democrático ¨, pues con el  se inicia el fenómeno político desde el punto de vista de la ciencia. -ya que la ciencia de la naturaleza es muy posterior a Maquiavelo-.
Una atractiva y particular interpretación de Maquiavelo, por parte de Manent es,  donde a través del Príncipe, en un momento, opone a los ¨ profetas armados ¨ con los ¨ profetas desarmados ¨, concluyendo que todos los profetas armados fueron vencedores y los desarmados derrotados. Sin embargo, hay un ¨ profeta desarmado ¨ que Maquiavelo lo considera vencedor: Jesucristo. Y Maquiavelo que es un ¨ profeta desarmado ¨, quiere desarmar a la doctrina del mas grande de los profetas desarmados.
Para el autor francés, en este sentido, Maquiavelo es un reformador religioso y antirreligioso, antes que un filósofo o un hombre de ciencia. Quiere cambiar las máximas que gobiernan a los hombres.
 Al desacreditar la idea del bien, persuadió a los hombres para que consideraran el mal (astucia, fuerza, violencia, ¨ necesidad ¨,) como la fuente principal del orden encerrado en si mismo, es decir, en lo que se llama ciudad.



[1] Prólogo de Margarita Rodríguez Acero del libro ¨ Clásicos de Bolsillo: Nicolás de Maquiavelo  El Príncipe, Versión Completa. Traduc. de Mario Alarcón, Ed. Enrrepar , Bs. As., Argentina, Junio de 2000.
[2] Política & tiempo: Hombres e ideas que marcaron el pensamiento político. Pablo da Silveira. Taurus, 1ra. Edición, Noviembre de 2000
[3]    La tarea interpretativa de Leo Strauss -nos dice Claudia Hilb- se encuentra sostenida en la convicción de la importancia que reviste la distinción entre escritura esotérica y exotérica para los filósofos políticos clásicos. Esta distinción posee al menos dos dimensiones: por un lado, remite a la necesidad de autoprotección del filósofo frente al tribunal de la ciudad; por otro, apunta a defender a la ciudad del conocimiento filosófico, es decir, del carácter subversivo que entraña la búsqueda de la verdad. A partir de esta perspectiva trazada por Strauss, se abre un horizonte de significados nunca antes señalados, muchas veces contrarios a los aceptados canónicamente y claves de interpretación controvertidas. Leo Strauss: el arte de leer. Una lectura de la interpretación straussiana de Maquiavelo, Hobbes, Locke y Spinoza. Hilb, Claudia