lunes, 4 de febrero de 2013

Nace mi nieta

                                                      Malena

Eh…, ahí está, no hay dudas, todo ese taponcito cual coco mojado que eclosiona por sobre ese ojal de la piel es su cabecita, si…no hay dudas, he presenciado esa escena muchas veces. 
      Soy consciente, le cuesta liberarse, y se me vuelve casi una eternidad, felizmente ambos dedos del obstetra: índices y mayor, de una y de la otra mano enfrentadas, traccionan enérgicamente y el ojal y sus rasgadas comisuras cutáneas permiten que empiece a progresar esta masita frágil tomando la luz y todo el aire que encuentre en su camino, para explotar en un estrepitoso y rabioso llanto, cabecita enrulada toda mojadita, no cesa de llorar y de demostrarnos que su vitalidad es única, me fijo en el reloj, y son las 22 horas de un ocho de noviembre de 2010, en una cálida y húmeda medianoche en la ciudad de Santiago del Estero.
     Ella es Malena, Malenita mi ternura, ángel osado que con desparpajo has iniciado tu peregrinar por estos lares. Medito, reflexiono: su primer trauma, estoy convencido, con su enojo y grito nos dice: “todo era bello allí adentro, flotaba y jugaba, ni frio ni calor, más bien nido templado, recibía por  una manguerita enchufada a mi ombligo todo lo que pedía, y en ese calentito mar que bañaba mi cuerpo  hacía toda cuanta pirueta se me daba, y hasta me acariciaban”  
      Pero bueno mi ángel, es así y ya estas aquí, te traemos para que alegres nuestra existencia, bueno…que la alegres más, y ahora empezarás un derrotero testimonial existencial, ambiguo, difícil, contradictorio y dubitativo -al menos- de lo que te espera en este…paraíso, digamos.  
      Te damos una acogedora y plácida bienvenida; si ya sé…no puedes escucharnos, todavía estás rabiando y bien nos lo haces saber con tus gritos y llantos, por esos fuertes y blancos reflectores que te encandilan, y esas manos frías enguantadas que te depositan en ese lecho metálico para pesarte y luego medirte, y tú, Malenita, sabemos, eres naturalmente pudorosa, y he ahí parte de tu rabieta mi angelito, pero déjalos, lo hacen por tu bien, con el peso, la medida, y otros particularidades, podrán seguir controlando tu salud los días venideros.
      Esa abejita que fugazmente te cruzó el aguijón en el muslito, y te estremeció mi angelito, dicen, es la vitamina k; no queda otra, empiezas a recibir soportes vitales que hasta hace apenas un ratito te lo daba tu mamá, paciencia mi niña, en poco tiempo tu cuerpito lo podrá fabricar, pero sí, y sí, por ahora somos todos solidarios contigo, son todos ellos crueles por semejante atropello. 
      Bueno Male, el doctor que te recibió ahora en este preciso instante, lo convierte a tu papa en depositario de tu humanidad. Después, más grandecita quizás, te contaré al detalle, lo de tu debutante papito.
      Bien Male, si bien te dimos la bienvenida con algunas muestras poco demostrativas, te cuento que aquí afuera verás la vida de acuerdo a los lentes  que uses.
      Hay millones y millones de lentes, como estrellas tiene el universo, de manera que puedes pasarte toda una vida cambiando de cristal un poco mucho, un poco poco; pero de cristales los hay, por ejemplo, aquellos en que siempre todo será gris, como los hay aquellos en la que un sol radiante iluminarás todos tus pasos en los confines de la tierra.
      Están aquellos de cristales opacos, pocos transparentes y de figuras borrosas, como están aquellos cristalinos y diáfanos como el agua; podrás encontrar unos con figuras monstruosas, muerte y destrucción aquí y allá, como podrás elegir aquellos con música, flores, pájaros, ríos, y montañas por doquier.
      También encontrarás lentes bifocales, donde verás amor y otras veces verás odio, u otros donde a veces divisarás esperanza, pero en el otro foco verás únicamente angustia, melancolía y desilusión.
      Como ves mi angelito, mi tierna Malenita, son miles y miles los cristales con los que puedes mirar todo lo que te rodea; así que de ti, casi exclusivamente de ti, depende, mi ángel.
      De mi parte angelito, te ayudaré en todo cuanto pueda y en lo posible a no tomar, o dejar si ya los estás usando, aquellos lentes que ya fueron probados por muchos y fracasaron, pero desde que el mundo es mundo, se venden y se seguirán vendiendo como pan caliente.


                                                                           Tu abuelito