miércoles, 6 de febrero de 2013

Había una vez....


El lago encantado...



  

  Había una vez un lugar muy lejano, perdido en la inmensidad de un bosque, donde abundaban los arrayanes, cuyos gruesos troncos  color canela, apenas dejaban pasar el sol entre el follaje, formando manchas claras y rojizas, que en un juego de luces fascinantes cercaban un hermoso y espejado lago.
  Allí, vivía un hermoso Ruiseñor Azul que siempre le cantaba y le bailaba a un amigo que solo el conocía, que solo él sabía cuándo  aparecía y desaparecía, ese amigo era un tal Pepe Aladino, quien junto al Ruiseñor Azul se pasaban horas y horas cantando y bailando al lado del lago.
  Los otros animalitos del bosque, siempre se escondían entre los arrayanes y demás árboles, para verlos y escucharlos. Sabían que el Ruiseñor y Pepe Aladino, se encontraban únicamente cuando sonaba una bella y lejana música de violín que de a poco a poco iba aumentando su intensidad y melodía, ayudada por el silencio que le guardaban los animalillos.  
  Sabían que Pepe Aladino, salía solamente de las profundidades del lago apenas comenzaba a sonar el violín, y justo en ese instante siempre lo esperaba campante el Ruiseñor Azul, que con su canto de bienvenida más el canto de su amigo Pepe Aladino, llenaban de fiesta al bosque, y por supuesto de alegría a todos los animalitos que allí vivían.
  El castor, la ardillita, la nutria, el venadito, el pájaro carpintero, el  piquituerto, el cascanueces, el glotón, la marta, y muchos otros animalitos se encontraban todos juntitos siempre cuando empezaba a  sonar el violín, salían de sus escondites o venían de vaya a saber qué lejanos lugares, a no perderse el encuentro entre Pepe Aladino y el Ruiseñor Azul.
  La ardillita había notado que su primo el ratón nunca estaba con  ellos para el canto y baile de Pepe Aladino y el Ruiseñor Azul, y pensaba...-Qué raro, no le gustará… ¿Dónde estará el ratoncito?
El pájaro carpintero sabía que ese violín que tan dulce sonaba, le había dado forma él con su pico, aunque juntos a los demás animalitos se preguntaba quién lo hacía sonar, y cuál era el encanto que inspiraba a Pepe Aladino dejar las profundidades del lago, salir y luego bailar y cantar junto al magnífico Ruiseñor Azul.
  El castor  empezó a notar preocupada a su amiga la ardillita, entonces le dijo al venadito: -debemos buscar al ratón, ¿no estará enfermo, y perdido por ahí?, y todos los animalitos decidieron reunirse para organizar la búsqueda y el rescate del ratoncito.

  El pájaro carpintero recordaba que cuando talló el violín, el ratoncito  siempre lo acompaño y hasta lo ayudó.En principio decidieron buscarlo en las proximidades del lago. La nutria nadó por debajo del agua buscando rastros del ratoncito, y desde la orilla el castor vació de alimentos  sus chozas y las puso a su disposición, mientras la ardillita en tierra firme desenterraba cada bellota que iba encontrando y que había almacenado para el invierno, los mismo hizo el cascanueces que entregó todas las nueces y piñones, que había almacenado bajo tierra, también para hacer frente al duro invierno en las montañas.Como la búsqueda del ratoncito en su primer intento, no arrojó resultados, hicieron planos y rutas de búsqueda desde tempranito hasta que se puso el sol, y cada unos de los animalitos ayudó con lo que pudo, hasta que terminaron la jornada muy cansaditos, durmieron y descansaron hasta el amanecer.Muy al alba y organizados en  pareja salieron entre los arrayanes,  abedules, pinos y abetos, hasta dar con alguna pista. 

  La Marta con sus patas largas en garras se desplazaba con facilidad de un árbol a otro en busca del ratoncito, el pájaro carpintero con su pico y taladre iba abriendo camino a la excursión, y en el largo  recorrido el glotón fue sacando sus presas escondidas para compartir con la expedición.El tiempo fue pasando y pasando, hasta que, fue el venadito que allí a los lejos divisó una cabaña entre  los matorrales del sotobosque, y al  instante en que daba el alerta a los otros animalitos, se escuchó una jocosa y rechinante carcajada que fue en aumento hasta convertirse en un grito desgarrante, entre el hedor allí reinante. Todos los animalitos estupefactos dijeron: ¡Oh… la Horrible Durmiente….!

Sabían, por que la habían visto alguna vez, que esa Horrible Durmiente, mezcla de hada, bruja y lechuza, en sus lamentos vomitaba hiel de sus entrañas. Los animalitos, todos aterrorizados se fueron dispersando, volviéndose el lugar un reino de terror y espanto.
La ardillita, haciéndose del coraje que no tenía,  se había escondido en una madriguera, y así pudo ver como la Horrible Durmiente de tantos alaridos mezclados con risotadas se fue apagando hasta quedar profundamente dormida, y justo en ese preciso instante pudo ver a su primo el ratoncito, huir de la cabaña con un violín de madera plateada acuesta y perderse en la inmensidad del bosque.
No pasó mucho tiempo, en que volvió a escucharse el violín encantador, que fue reuniendo rápidamente a todos los animalitos alrededor del lago, mientras el ratoncito deslizando con ensueño un  arco curvado con una cinta dorada de crines de caballo sobre el violín, hizo brotar del lago a Pepe Aladino, quien al ver al Ruiseñor Azul, una vez más, bailaron y cantaron llenando de alegría y gozo el bosque.

Colorín y colorado, este cuento se ha acabado.

Ramón H. Alvarez