domingo, 3 de febrero de 2013

Colisión de Clases

Colisión de clases
                                                                                                          Rodaballo


      Podría narrarles hechos que ocurrieron durante un vuelo en un modernísimo y lujoso avión, pero no, apenas ocurrieron en un lejano y vetusto almacén. Que los protagonistas eran tipos finos y distinguidas damas,  pero no, apenas eran  atorrantes y sotretas, cuando no molestos parroquianos del mundillo lupanar.
      Que en el vuelo, la bella gente, bebía licores apetitosos e ingerían  sabrosos manjares, pero no,  allí abajo, eran machotes de pueblo o aventureros de tierras lejanas, que apenas con un solo sorbo de caña caliente, babosos lisonjeaban a cuanta mina se les cruzara por el lugar.  
      Que la cabina, evocaba un lounge en posición sentada, y que en un abrir y cerrar de ojos las butacas viraban en cama, pero no, allí abajito eran unos desvencijados taburetes de madera, lustrosos y ennegrecidos, grasa y humo por doquier. 
      Que la cabina se señoreaba con tres clases: L´ Espace Première, L´ Espace Affaires, y Tempo, pero no, allí en el boliche, unas rejas de hierro que apenas  escondía al almacenero, tratando de zafarlo de algún facón por riña de amoríos o disputas de buen borracho.   
      Que en el vuelo, los pasajeros con neceser de confort a diestra y siniestra, femenino y masculino, por decir: tratamiento Clarins, maquinilla de afeitar, cepillos de dientes, peine, espejo y ropa de descanso Christian Lacroix, pero no, allí en el bolichón, apenas tragos de machos, algunas velas, montón de carbón, remedios caseros, y telas en quiladas.
      Que arriba, los asientos con mandos al toque: ordenador portátil, pantalla de video interactivo, teléfono individual, cuando no audífonos de alta fidelidad, pero no, allí abajo: juegos de bochas o juegos de taba, y de este último, si  de culo caía, perdedor.
      Que allí arriba, siempre de día, y por las dudas, lámpara individual de fibra óptica para lectura y no molestar, pero abajito apenas faroles de kerosenes, candelas o bujías con débil luz difuminando mugre, mugre por doquier. Que en la aeronave, los yuppies con la bolsa jugando están, beneméritas y respetables Down Jones, Nasdaq, o Merval; pero no, allí abajito, apenas pollas por carreras cuadreras, o malevas riñas de cristianos, cuando no de enfurecidos gallos.
      Que allí arriba, una sensual voz femenina en seis idiomas anuncia: “Señores pasajeros, nos informa el Sr. Comandante que estamos a diez mil metros de altura, volando a una velocidad de 920 Km/h, con un viento exterior que sopla a 120 nudos, y una T° actual  de cabina de 20° centígrados; y en este preciso momento estamos volando sobre el Mar Negro”, pero no, allí abajo circundando al almacén, tierras marcianas, sequías impiadosas, viento Zonda con sus bocanadas de fuego, llevan a mal traer alguna lagartija que haya osado salir de paseo, y en tirabuzón una que otra chapa o gallináceo elevados y luego estampados con furia demoniaca.
      Que la azafata una vez más en su murmurante voz al selecto vuelo, les dice: “y ahora a vuestra izquierda, mejor si se ayudan con los prismáticos infrarrojos que disponen en su neceser, podrán observar el famoso volcán en erupción “El Extinguidor”, y a sus derecha un Tsunami, que nos acaban de informar de la tripulación, se trataría del “Sin Rastro Humano”, para lo cual les sugiero cámaras de Hight Definition, podrán si lo desean tomar algunos imágenes; finalmente en minutos más estaremos volando sobre el Mar Muerto”; pero no, allí abajo, huyendo del boliche cual mandinga y aullido de ultratumba, mina rubia mostaza gritando a la paisanada “ahicito…arriba carajo, mirá…p` arriba, la bola d`juego que se no viene”.